Contrastes Incomprensibles
Picture Frame ¿Dónde hallar hechos tan maravillosos como los que se hallan en el evangelio de Jesucristo?

Es incomprensible que el único Hijo de Dios – Emanuel (Dios con nosotros) – se hiciera hombre. Es difícil creer que el Maestro, el Señor de señores, tomara para sí el papel de sirviente y fuera obediente hasta la muerte – y eso, ¡muerte en una cruz!; que el Rey de reyes hiciera a un lado su poder celestial y aceptara una burlona corona de espinas; que el Juez supremo de vivos y muertos fuera juzgado, condenado y ejecutado por meros hombres. Pero todo esto es cierto, y aunque no lo entendemos, el mejor Amigo de la humanidad fue despreciado y rechazado por los humanos.

Es más, dejó la maravillosa gloria y esplendor de su Padre, se negó a sí mismo y vino a andar por esta Tierra corrupta y maldita por el pecado, donde ni tenía dónde recostar la cabeza; abandonando sus derechos junto a su Padre y los santos ángeles, ¡se complació en comer y beber con los despreciados y pecadores!

Poseyendo toda sabiduría, se puso de la parte de los sencillos. El todopoderoso se tornó débil e indefenso como un cordero. “¡Jamás hombre alguno ha hablado como éste!”1; sin embargo, “no abrió su boca”2 en defensa propia. Teniendo pleno poder sobre enfermedades y dolores, ¡soportó las indecibles agonías de la cruz del Calvario!

Perfectamente inocente, “fue contado con los pecadores.”3 Puro, santo y justo, murió la muerte del más vil. Infinitamente precioso, ¡fue vendido por el precio de un esclavo! Jamás ningún ser humano recibió tanto mal a cambio de tanto bien!

¿Un sacrificio podrá ser más completo? En verdad, se dio a sí mismo, “el justo por los injustos,”4 y por medio de tal “don inefable”5 se manifestó la gracia de Dios en la salvación. “Una salvación tan grande,”6 con felicidad inexpresable, con “inescrutables riquezas”7 en la forma de “una herencia incorruptible,”8 con una paz “que sobrepasa todo entendimiento.”9

Facilitó así al pecador infeliz, pobre, ciego y desnudo, el poder mirar al rostro de un Dios justo, Creador, y Señor de todo, y clamar desde lo más profundo de su corazón, “¡Abba, Padre!”10

¡Que se me lleven el mundo con todos sus placeres, sus riquezas, su orgullo, su gloria y sus alabanzas, pero déjenme a Jesus!

Él vino a salvar al pecador y a buscar al perdido. El maestro vino a servir y a sufrir, a dar su vida en rescate del alma de usted. ¿Es posible que usted desprecie una salvación tan grande comprada a tan incalculable precio?

No, amigo lector, no pierda esta oportunidad de tener la salvación de su alma y una nueva vida con Cristo. Abra su vida al Señor para que Él entre y habite para siempre en usted.

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”11

1. Juan 7:46
2. Isaías 53:7
3. Isaías 53:12
4. 1 Pedro 3:18
5. 2 Corintios 9:15
6. Hebreos 2:3
7. Efesios 3:8
8. 1 Pedro 1:4
9. Filipenses 4:7
10. Romanos 8:15; Gálatas 4:6
11. Apocalipsis 3:20

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